
Todos queremos ser amados
con amor incondicional, eterno,
un amor que va más allá de la belleza,
la inteligencia,
y cualquier otra cualidad superficial.
Queremos ser amados
simplemente porque “somos”.
Todos tenemos una tendencia natural,
innata, a compartir nuestro amor con otros.
Esta preocupación por el amor,
surge en realidad ,
porque somos seres eternos, amorosos,
cuyas almas están repletas
de conocimiento y dicha.
Aunque en esta encarnación física,
estamos temporalmente cubiertos
por energía material,
nuestra naturaleza, es divina,
y estamos siempre en busca
del amor venturoso del reino espiritual,
donde yace nuestra verdadera realización.
Pero siempre algo parece salir mal.
A pesar de nuestra constante búsqueda,
generalmente sentimos desilusión,
encontrándonos con que
nuestra experiencia de amor, es temporal.
Aunque podremos haber intentado
y fracasado en una variedad de relaciones,
persistimos en creer que la persona adecuada
está allí , en alguna parte.
Por algún motivo misterioso,
parecería que nunca estamos
en el lugar apropiado
en el momento apropiado.
Muchísimas personas
hoy en el mundo,
jamás se han sentido
verdaderamente amadas.
No tienen idea
qué es realmente el amor,
sin embargo, el amor
es un anhelo muy grande.
En realidad, en las relaciones cotidianas,
el término amor, ha adquirido
un significado demasiado vago
y hasta podría indicar algo muy distinto,
como control, o necesidad.
Por ejemplo, la noción de amor,
muy frecuentemente, reducida
a un mero intercambio físico,
o a un proceso de intentar obtener
gratificación de otro!
Esto no es amor.
El problema surge ,
porque buscamos respuestas
en los lugares inadecuados.Hemos olvidado
la dimensión espiritual de la vida.
Una sociedad sin un núcleo espiritual
carece del “adhesivo cósmico”
para hacer que todo funcione.
El amor, es este adhesivo cósmico
que nos liga el uno, al otro
mientras aprendemos a conocernos
y relacionarnos el uno con el otro;
y finalmente, a relacionarnos,
a ligarnos a la personalidad
Divina de Dios.
Parece que hoy olvidamos esto!
pero en el fondo,
aunque la experiencia del amor
con frecuencia nos elude,
sabemos que el amor
es nuestro derecho natural.
Es como si alguien sostuviera algo
deliciosamente tentador delante nuestro,
apenas fuera de nuestro alcance.
Lo deseamos, sabemos que está disponible,
pero no logramos amarrarlo debidamente.
Entonces sustituimos por otra cosa,
esperando encontrar la felicidad
tal vez en la riqueza,
el prestigio o el poder.
La mayoría de nosotros
considera que el amor
es un sentimiento que decae
y crece según las circunstancias.
Pero el amor genuino ,
no está vinculado a lo que sentimos,
no depende de algunas condiciones externas.
El verdadero amor, es divino,
y no puede persistir separado
del origen, que es Dios.
Esta entrada fue publicada el Octubre 10, 2008 a las 3:06 am y archivada bajo Adultos Mayores . Puedes seguir cualquier respuesta a esta entrada a través del feed RSS 2.0
Puedes dejar una respuesta, o trackback desde tu propio sitio.