DE DONDE VIENE EL PECADO?

11 oct

Esta es la parte crucial de la cuestión, y sobre esto, la enseñanza de la Biblia, es perfectamente clara. El HOMBRE mismo, es responsable por la introducción del pecado en el mundo. No hay lugar, o necesidad de otro agente. El HOMBRE, introdujo el pecado y es responsable de su continua existencia: “El pecado entró en el mundo por un HOMBRE” (Romanos 5:12).

Puesto que la muerte, es el resultado inevitable del pecado introducido por el hombre, también es cierto que “la muerte entró por un hombre” (1 Corintios 15:21).

El hombre continúa siendo una criatura pecadora y en consecuencia sujeta a la muerte, no debido a que esté bajo la influencia de un poderoso monstruo del mal, sino simplemente porque se deja llevar por sus propios pensamientos y deseos pecaminosos: “Cada uno, es tentado cuando de su propia concupiscencia, es atraído y seducido.

Entonces, la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte” (Santiago 1:14-15).

Jesús, expresó la misma verdad de la manera siguiente: “Pero lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre. Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias. Estas cosas son las que contaminan al hombre” (Mateo 15:18-20).

Esto concuerda completamente con la experiencia de todos los que tratan de guardar la ley de Dios. No necesitan que un tentador externo los haga pecar, porque su propia mente y corazón son suficientes para guiarlos fuera del camino.

Pablo escribió enfáticamente acerca de su propia experiencia:

“Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado. Porque lo que hago no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena. De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí. Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí” (Romanos 7:14-21)

Pablo estaba consciente de un conflicto tremendo, no entre sí mismo y un monstruo maligno, sino entre la ley de Dios que él quería guardar y una poderosa inclinación a desobedecer dicha ley.

El describe este conflicto como una rebelión: “Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley en mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros” (Romanos 7:22-23).

Entonces tenemos aquí un gran poder en acción, contra Dios y contra el hombre, un poder asociado con el hombre mismo, y sin embargo un poder que él no puede vencer sin ayuda. Unicamente Cristo fue capaz de vencerlo, como Pablo lo apreciaba: “¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro” (vv. 24-25).

Este poder, el cual es el pecado que reside en el hombre mismo, es lo que la Biblia frecuentemente llama diablo y Satanás.

LOS DESIGNIOS DE LA CARNE

Esta característica humana innata, está comprendida en una expresión utilizada por el apóstol Pablo: “los designios de la carne.” Pablo escribió:

“Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden.” (Romanos 8:6-7)

La libre expresión de estos designios conduce a “las obras de la carne.” Pablo hizo una lista de ellas: “adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas”; y añade: “acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios” (Gálatas 5:19-21).

En un mundo que no reconoce la autoridad de las leyes divinas, estas características predominan, de manera que la sociedad humana en general, se convierte en una expresión de los designios de la carne: “Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo” (1 Juan 2:16).

Una sociedad así, se constituye enemiga de Dios y de los siervos de Dios. Pablo describe estos “designios de la carne” como “el pecado que mora en mí.” El hombre es Satanás y diablo de sí mismo. La tentación, proviene de su interior, de sus propios deseos, y estos deseos son estimulados por un mundo cuyas prácticas son la expresión colectiva de los “designios de la carne.” No hay necesidad ni lugar para otra fuente de tentación.

EL HOMBRE ES RESPONSABLE DEL PECADO

Es de suma importancia reconocer, que la Biblia, responsabiliza únicamente al hombre mismo por el pecado y sus consecuencias. El hombre y solamente él, es responsable ante Dios de sus acciones.

Esto se ve claramente en la historia del pueblo de Israel. He aquí una nación con privilegios especiales y las responsabilidades que dichos privilegios conllevan ante los ojos de Dios. La nación fracasó continuamente en vivir a la altura de sus responsabilidades; una y otra vez fue reprobada y recibió advertencias de un castigo inevitable.

Unicamente ellos, fueron responsables de su falla. No hay la menor insinuación de que un monstruo maligno estuviera guiando a la nación por el camino errado. La palabra diablo, no se encuentra en el Antiguo Testamento, y la palabra Satanás, sólo ocurre en tres pasajes fuera del libro de Job. Jeremías expuso claramente la verdadera razón del fracaso de Israel, que al mismo tiempo es la razón del fracaso del resto de la humanidad: “Y no oyeron ni inclinaron su oído; antes caminaron en sus propios consejos, en la dureza de su corazón malvado, y fueron atrás y no hacia adelante” (Jeremías 7:24).

Esta es la consistente enseñanza de las Escrituras.

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7 comentarios hacia “DE DONDE VIENE EL PECADO?”

  1. osiris mayo 25, 2013 a 5:27 PM #

    la biblia habla de un querubin o u angel caido que Dios mismo ve caer del cielo como un rayo. el cual peleo en una batalla con el arcangel gabriel que es un angel para la guerra y Dios mismo maldice a lucero de la mañana y le dice que seria un espanto sobre la tierra¿ si no es un ser espiritual entonces que es ?

    • yoreme mayo 31, 2013 a 1:31 AM #

      : A partir de estos pasajes bíblicos, se ha dado forma a una historia enorme, con todo tipo de especulaciones acerca de Satanás [«adversario», «opositor», «acusador»], el Demonio [«calumniador»], Lucifer [«portador de luz»], en calidad de un espíritu supremo del mal. Sin embargo [dando crédito a los profetas], estos pasajes se refieren en realidad a profecías contra las ciudades de Babilonia y Tiro. nota 2: La creencia en el Diablo como enemigo de Dios, espíritu maligno, tentador de la humanidad, es netamente un artificio mitológico. El Diablo sencillamente es parte de la naturaleza dual del mismo Dios bíblico, ya que los hebreos adoptaron la filosofía dualista persa con los poderes opuestos del bien [Ormuz] y del mal [Ahriman]. De hecho, el término «Diablo» proviene del hindú «devi», que significa «Dios». nota 3: Lucifer, «portador de luz», es una divinidad solar como lo indica su nombre; por esta razón se le llama «hijo de la mañana». En el nuevo testamento, Jesús [el hijo de Dios] y Lucifer son descritos como si fueran uno y el mismo, pues Jesús utiliza la expresión “Yo Jesús… soy… la resplandeciente estrella de la mañana” [Apocalipsis 22,16] para referirse a sí mismo.

  2. chelo mayo 11, 2012 a 9:54 AM #

    su estudio es muy edificador, que Dios lo continué bendiciendo. tengo dos preguntas 1¿que paso con la seducción de eva? y 2 ¿que representa la serpiente en el huerto?

    • yoreme mayo 13, 2012 a 11:07 PM #

      Muy interesantes preguntas, pero es un tema muy extenso asi que solo puedo decir, que la serpiente no representa a alguien, sino a algo
      dentro del ser humano. Los animales como la serpiente,
      no son buenos, ni malos, solo hacen lo que tienen que hacer. Eva sabia perfectamente lo que no debia hacer y lo hizo; a partir de alli vinieron las maldiciones para toda la especie humana.

  3. john vergara enero 22, 2012 a 7:36 AM #

    ¿como puede decir q no existe el diablo? si jesus nos advierte del principe de este mundo, y ese es satanas el diablo, q anda como leon rugiente buscando a quien devorar, pidamos direccion al espiritu santo de DIOS,AMEN….

  4. Vladimir Gonzalez septiembre 9, 2010 a 3:56 AM #

    He estado estudiando este tema y todo lo expuesto en su artículo me es muy claro, pero quedan dos dudas: 1. Lo expresado por Pablo en Efesios 6:11,12, donde dice que nuestra lucha es contra potestades, fuerza espirituales malignas, habla de las artimañas del diablo. y 2. Por qué Jesús mismo fue tentado ? si él no tenía su propia concupiscencia que lo hiciera caer. O sea, si hay una intervención maligna !
    Por qué hay un “príncipe de este mundo” ?
    MUCHAS GRACIAS.

    • yoreme septiembre 9, 2010 a 3:38 PM #

      VLADIMIR:
      1-la palabra diablo,es una adaptación al castellano del vocablo griego: diabolos. Diablo significa : acusador o calumniador, no es un espíritu malo, o un angel que se rebeló contra Dios, sino una persona.

      2-Jesús vino como hombre para poder cumplir la Ley de Dios y ser el sacrificio para el pecado. Él hizo esto como un hombre. Cuando Él resistía las tentaciones del diablo, citaba las Escrituras como un hombre. En ese momento Él no dependía de Su lado divino para salir adelante. Él dependía totalmente del Padre, del Espíritu Santo y de la Palabra de Dios, para resistir exitosamente las tentaciones que llegaban a Él.

      Jesús no pecó, sino que fue tentado; esto es, a Él se le pudo presentar una opción para pecar; como le fue presentada en el desierto; pero no pecó.

      3-La palabra “principe” no debe tomarse en sentido directo, como si se tratara de una autoridad mundial, sino en sentido figurado. Se refiere a algo que representa las conductas impropias de hombres y mujeres que rechazan a Dios.

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