LA INTELIGENCIA

22 Nov

  

 Rugió el leoncillo, y al sentirse fuerte,

sacudiendo orgulloso la melena,

se despidió de su achacosa madre

queriendo altivo recorrer la selva.

 La madre, entristecida,

con arrogancia y con amor de fiera,

acarició al cachorro que por siempre

dejaba ingrato la tranquila cueva.

 Y al mirarlo alejarse,

con el cariño de las madres buenas,

la vetusta leona

le dijo entre rugidos de tristeza:

 – Sé cauto y receloso,

que del valor no es mancha la cautela:

sé audaz, y tu bravura

te dará la victoria más completa

y verás que en el mundo,

tiene siempre razón, quien tiene fuerza;

desprecia a los cobardes que se arrastran,

ampara a los que tiemblan,

destroza sin piedad a los traidores,

y extrema la prudencia

cuando encuentres al hombre en tu camino;

huye del hombre, esquiva la pelea,

porque el hombre es más fuerte y más temible

que todo lo temible de la tierra.

 Despreciando consejos maternales,

saltó el leoncillo, y al cruzar la selva,

encontró a un elefante gigantesco

que caminaba por oculta senda.

-¿Eres el hombre?  preguntó el cachorro.

– Su esclavo soy le respondió el atleta-;

y como esclavo dócil ,

voy cargado de leña

para que mi señor en el invierno,

en su hogar, que es mi cárcel, lumbre tenga.

 

Asombrado, el leoncillo siguió andando,

y en la llanura inmensa

encontró a un alazán gallardo y noble

de largas crines y gentil cabeza.

– ¿eres tú el hombre?- preguntó el cachorro.

– Su esclavo soy, le sirvo en sus empresas- dijo el corcel-

El freno me esclaviza

me aguijan las espuelas,

y, dócil a mi dueño,

con él combato en la sañuda guerra

y en la bendita paz, labro los campos

y convierto en vergeles las estepas.

 

Atónito, el leoncillo volvió al bosque

y entre robustos troncos y malezas,

escuchó de un lebrel fuertes ladridos.

– ¿eres el hombre?- preguntó la fiera.

– Soy su esclavo más fiel, su leal amigo.

Dijo ladrando el perro- y tu presencia

le advierto cuando ladro de este modo.

 Al pie de unas palmeras,

vió el leoncillo agitarse una figura

muy débil, muy mezquina, muy pequeña:

-¿Sabes dónde habrá un hombre?-

preguntó sacudiendo la cabeza

el leoncillo irritado.

 Y aquella figurilla tan pequeña

le contestó sereno:- aquí me tienes,

el hombre soy, monarca de la tierra.

– prepárate a morir si eres el hombre-

rugió el cachorro- ¡Miserable, tiembla!

¿Cómo tú, tan pequeño y tan mezquino,

arrancaste a mi padre la existencia?.

 

Tranquilo el hombre, se alejó unos pasos;

y al saltar el león, buscando presa,

sintió herida su zarpa por un hierro

y vencido rodó sobre la arena.

 Prisionero quedó, robustos lazos

le encadenaron, y en su jaula estrecha

rugiendo de pesar lloró el leoncillo,

lloró por vez primera.

– Ya lo ves, soy el hombre- dijo el hombre.

Y el cachorro, moviendo la melena,

le preguntó asombrado:- ¿Cómo vences.

teniendo yo razón, pues tengo fuerza?

– venzo, porque mi fuerza es un destello

emanado de Dios     ¡la inteligencia! 

Autor: Leon Tolstoi

 

 

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Una respuesta to “LA INTELIGENCIA”

  1. OSWALDO marzo 6, 2012 a 8:01 AM #

    Hay tanto que aprender de los animales , si es destello de dios el matar , aniquilar , robar , masacrar se unos a otros , y tantas atrocidades tan propias del ser humano, tan comun en nuuestros dias y que pasa simplemente desapercibido.
    La mayor amenaza del hombre es el hombre mismo, tenemos una capacidad para indagar mas haya de lo inimaginable , que hasta el mismo dios ya tiene miedo de que aquel destello de luz se lo desechen en su autoria

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