MANOS QUE ORAN

18 Ago

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En el siglo XV, en una pequeña aldea cercana a Nüremberg, vivía una familia con varios hijos.

Para poner pan en la mesa para todos, el padre trabajaba casi 18 horas diarias en las minas de carbón, y en cualquier otra cosa que se presentara.

Dos de sus hijos tenían un sueño: querían dedicarse a la pintura.

Pero sabían que su padre, jamás podría enviar a ninguno de ellos a estudiar a la Academia.

Después de muchas noches de conversaciones calladas, los dos hermanos llegaron a un acuerdo.

Lanzarían al aire una moneda, y el perdedor trabajaría en las minas para pagar los estudios al que ganara. Al terminar sus estudios, el ganador, pagaría entonces, los estudios al que quedara en casa con las ventas de sus obras.

Así, los dos hermanos podrían ser artistas.

Lanzaron al aire la moneda un domingo al salir de la Iglesia.

Uno de ellos, llamado Albrecht Durero, ( o Albretch Dürer en alemán) , ganó y se fue a estudiar a Nüremberg

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Autoretrato de Alberto Durero

Entonces el otro hermano, comenzó el peligroso trabajo en las minas, donde permaneció cuatro años para sufragar los estudios de Albrecht, que desde el primer momento, fue toda una sensación en la Academia.

Los grabados de Albretch, sus tallados y sus óleos, llegaron a ser mucho mejores que los de muchos de sus profesores, y para el momento de su graduación, ya había comenzado a ganar considerables sumas con las ventas de su arte.

Cuando el joven artista regresó a su aldea, la familia Durero se reunió para una cena festiva en su honor.

Al finalizar la memorable velada, Albretch se puso de pie en su lugar de honor en la mesa y propuso un brindis por su hermano querido, que tanto se haba sacrificado trabajando en las minas para hacer sus estudios una realidad.

Y dijo: “Ahora, hermano mío, es tu turno.

Ahora puedes ir a Nüremberg a perseguir tus sueños, que yo me haré cargo de todos tus gastos.

Estudio de manos

Todos los ojos se volvieron llenos de expectativa hacia el rincón de la mesa que ocupaba su hermano. Pero este, con el rostro empapado en lágrimas, se puso de pie y dijo suavemente:

“No, hermano, no puedo ir a Nüremberg.

Es muy tarde para mi.

Estos cuatro años de trabajo en las minas han destruido mis manos.

Cada hueso de mis dedos, se ha roto al menos una vez y la artritis en mi mano derecha ha avanzado tanto, que hasta me costó trabajo levantar la copa durante tu brindis.

No podría trabajar con delicadas líneas el compás, o el pergamino, y no podrá manejar la pluma, ni el pincel. No, hermano, para mi ya es tarde.

Pero soy feliz de que mis manos deformes, hayan servido para que las tuyas , hayan cumplido su sueño”.

Más de 450 años han pasado desde ese dia.

Hoy los grabados, óleos, acuarelas, tallas y demás obras de Albretch Durero pueden ser vistos en museos alrededor de todo el mundo.

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Grabado de Alberto Durero

Pero seguramente usted, como la mayoría de las personas, solo recuerde uno. Seguramente hasta tenga uno en su oficina, o en su casa.

Es el que un día, para rendir homenaje al sacrificio de su hermano, Albretch Durero dibujó:

las manos maltratadas de su hermano, con las palmas unidas y los dedos apuntando al cielo.

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“Manos que oran”

Llamó a esta poderosa obra simplemente “Manos”, pero el mundo entero abrió de inmediato su corazón a su obra de arte y se le cambio el nombre a la obra por el de

Manos que oran

La próxima vez que veas una copia de esta obra, mírala bien.

Y ojalá que sirva para que, cuando te sientas demasiado orgulloso de lo que haces, y muy pagado de ti mismo,recuerdes que en la vida

¡ nadie nunca triunfa solo!

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2 comentarios to “MANOS QUE ORAN”

  1. Gabriel Redaelli octubre 2, 2011 a 8:56 AM #

    Me gusto mucho esta historia, un ejemplo a seguir!!

  2. Anna Francisca González D. marzo 6, 2011 a 3:41 PM #

    Esta obra de arte es una inspiración divina. Ha llevado a muchas personas a encontrarse con Dios. Debería ser publicado en cada esquina de todas las ciudadaes del mundo, para ver si así se logra un poco de paz en este mundo tan falta de amor y fe.

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