RASTRO DE SANGRE

21 Ago

En el 2011, hubo reporte de 27 mil 199 homicidios en México, lo que representó el nivel máximo de violencia en el sexenio de Felipe Calderón, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

Cifras obtenidas por el organismo a partir de información sobre defunciones, revelan que en 2011, hubo mil 442 más homicidios respecto a 2010, año en que se contabilizaron 25 mil 757 casos.

En promedio, el año pasado se reportaron 24 homicidios por cada 100 mil habitantes, cifra más alta que en 2010, cuando se documentaron 23 asesinatos.

Las entidades federativas con mayor número de homicidios al año pasado fueron Chihuahua, con 4 mil 502 casos, seguido del Estado de México, con 2 mil 613; Guerrero, con 2 mil 425; Nuevo León, con 2 mil 177, y Sinaloa, con un mil 988.

A pesar de que Chihuahua encabezó la lista con más homicidios en el 2011, estos disminuyeron un 30 por ciento respecto a 2010.

Las otras entidades que tuvieron menos homicidios en 2011 respecto del año anterior son San Luis Potosí, Durango, Campeche, Oaxaca, Chiapas, Morelos, Sinaloa, Baja California Sur y Sonora.

Según la información del Inegi, de 2007 a la fecha se contabilizan 95 mil 635 homicidios.

Estas cifras se derivan de estadísticas captadas en registros administrativos, básicamente defunciones accidentales y violentas.

Una buena parte de la violencia que ocurre ahora en México, tiene su origen en que a los más pobres, no se les ha dado atención.

 Es una  falta de decisión política, no es un problema económico.

El político necesita un compromiso con el pueblo. Eso sí forma a un político: saber para quién va a gobernar. El crecimiento de la actividad económica tiene sentido, si la sociedad mejora su calidad de vida, principalmente los sectores más pobres.

En México, es necesario mejorar la distribución de la riqueza, así como levantar la autoestima del pueblo, eso ya lo saben políticos y empresarios pero no lo quieren hacer, prefieren mantener al ciudadano con la bota al cuello, hundido en la miseria, dejándole la única salida para su supervivencia: la delincuencia.  Ninguna nación será grande y respetada, si su pueblo no tiene esperanza.

 

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