PADRENUESTRO

13 Jun

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El Padrenuestro, es la única fórmula de oración atribuida a Jesucristo en el Nuevo Testamento. Es la oración cristiana más rezada. Aparece en dos formas.

Una, más larga en Mt. 6,9-13, parte de las enseñanzas sobre la oración en el Sermón de la Montaña; una forma más corta en Lc. 11,2-4 se ofrece como respuesta a la petición de los discípulos, “Señor, enséñanos a orar”.

 En la versión de Mateo, la oración consiste en un preámbulo y siete peticiones. Parece ser una ampliación para la liturgia de la palabra original de Cristo. La variante debida a Mateo, que ha sido empleada con rango litúrgico desde épocas muy antiguas, reza así:

 “Padre Nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo. Danos hoy el pan nuestro de cada día. Perdónanos nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación; y líbranos del mal.”

 Una fórmula de alabanza final, “Tuyo es el reino, el poder y la gloria”, se añadía a la oración en la antigüedad, aunque no se recoge en la mayoría de los manuscritos de la Biblia y sólo aparece como una nota a pie de página en la versión revisada de la Biblia. Su incorporación al padrenuestro, ya en el siglo I, es corroborada en la versión de la oración de la Didaké, manual breve de instrucción para los conversos al cristianismo.

  Muchos protestantes recitan de forma habitual la anterior doxología como parte del padrenuestro. Los católicos la incorporan en la oración de la misa, al igual que en oraciones privadas.

 Los siete ruegos de la oración siguen el modelo de los Salmos. Los tres primeros ruegos están relacionados con la glorificación de Dios, y los cuatro últimos son peticiones de ayuda divina a la humanidad.

 La oración refleja una comunidad basada en una esperanza escatológica, es decir, una comunidad que reza para que se cumpla el plan final de Dios.

 Las peticiones relativas al perdón, a la tentación, y a librarse del mal son, de hecho, mejor entendidas en relación con el fin de la vida.

 La oración es de hecho una síntesis de la fe cristiana; su equilibrada estructura la convierte en expresión de la jerarquía de los valores bíblicos: primero, en las cosas de Dios; y luego, en las preocupaciones humanas.

 Después del bautismo, la oración del Señor es el lazo de unidad más conocido entre cristianos de toda índole y se recita siempre en reuniones ecuménicas.

 La siguiente versión contemporánea de la oración, utilizada con preferencia en los servicios de juventud protestantes y católicos, fue aprobada por una organización internacional y ecuménica conocida como Consulta Internacional sobre Textos Ingleses.

 “Padre Nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo. Danos hoy el pan que necesitamos. Perdónanos nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación. Y líbranos del mal. Pues tuyo es el reino, el poder y la gloria por los siglos de los siglos”

Posted by: Yoreme

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